El 15 de octubre de 2026 se falla la edición número 75 del premio Planeta: un millón de euros para el ganador y doscientos mil para el finalista. Esta semana doy mi pronóstico completo, y empiezo por algo que no me he inventado yo: lo dice la propia publicidad del premio. Lo que todo el mundo espera es el momento en que se abren los sobres del finalista y del ganador y se revela qué nombre se escondía detrás del seudónimo. Si el gran momento es revelar una identidad oculta, hace falta una identidad oculta que revelar, y eso solo existe en las novelas presentadas bajo seudónimo. Quien se presenta con su nombre, sin plica que abrir, no tiene nada que revelar, y un premio que vende la sorpresa como su gran momento no se la juega en quien no puede dársela.
Este año se han presentado 1.424 novelas, frente a las 1.320 de la edición anterior. Solo dos serán premiadas, el ganador y el finalista. Los otros 1.422 se presentaron sin ninguna posibilidad, para perder, con seudónimo o sin él, y lo único que han conseguido es alimentar la farsa: Planeta no los va a elegir, ni tampoco ninguna otra editorial grande. Como mucho, conseguirán ofertas de editoriales pequeñas, o autopublicarán; lo mismo que habrían conseguido sin ser finalistas de Planeta. Qué han conseguido de verdad todos esos finalistas de relleno lo analizaré en otro vídeo. La lista de finalistas se anunció el 9 de octubre: solo dos de los diez se presentaron con su nombre, frente a seis el año pasado, y no pueden ganar porque no hay plica que abrir. De los ocho que van con seudónimo, presuntamente dos son el ganador y el finalista elegidos de antemano; los otros seis tienen las mismas posibilidades que si hubieran firmado con su nombre: cero.
A partir de ahí, he repasado a los ganadores y finalistas de los últimos diez años, de 2016 a 2025, para ver si encajan en un patrón. Hay dos perfiles: el escritor vendedor o de prestigio y el famoso que escribe. Entre los ganadores predominan los primeros, pero en los últimos tres años han ganado dos veces los segundos, Sonsoles Ónega y Juan del Val. Entre los finalistas, los fichajes a la competencia son mayoría: seis de diez. Tres casos ilustran el mecanismo. Paloma Sánchez-Garnica, finalista en 2021 y ganadora en 2024, que ya había ganado otros dos premios del grupo. Alfonso Goizueta (2023), con una sola novela autopublicada y presentado bajo seudónimo, una excepción por no tener carrera previa. Y Marcos Chicot, que se presentó al Planeta con su propio nombre y «El asesinato de Pitágoras», perdió, la autopublicó con gran éxito en Amazon, y años después fue fichado por Planeta como finalista con «El asesinato de Sócrates».
Con esa base, mi pronóstico para el ganador de este año reparte tres tipos con sus porcentajes. Doy un 55% a un autor vendedor de prestigio de Planeta, mejor aún si ya ha ganado algún premio del grupo: es el 75 aniversario y es lo que yo haría si llevara la editorial. Doy un 30% al mismo perfil pero de la competencia. Y un 15% a un famoso que escribe, porque ya ganaron Sonsoles Ónega y Juan del Val en los últimos tres años y creo que optarán por un escritor de prestigio que también venda. En conjunto, un 85% para un escritor de prestigio frente a un 15% para un famoso que escribe. No doy nombres porque no tengo información privilegiada: solo sé cómo funciona, presuntamente, el mecanismo.
Este pronóstico no es un juego de azar porque no describe un concurso literario, sino una operación comercial: un mecanismo. Un concurso da un resultado distinto cada año; un mecanismo da siempre el mismo tipo de resultado, aunque cambie el nombre. Una novela corregida, maquetada y distribuida en toda España dos o tres semanas después del fallo no se improvisa: presuntamente, a los dos premiados se les encargó con meses de antelación. Lo viví en primera persona en 2014, siendo finalista de un premio de Editorial Planeta, y de esa experiencia salieron mi novela «Muerte en la entrega de premios» y mi ensayo «Del Planeta al Universo», donde está todo esto con sus fuentes. En el siguiente vídeo analizo si acerté.